Google alguna vez fue un poderoso símbolo de la web abierta. Su éxito se basó en un ideal simple: poner toda la información del mundo al alcance de todos.
Casi tres décadas después, su lema fundacional «No seas malvado» suena hueco. La empresa que defendió la apertura ahora sólo está interesada en proteger su control, no el ecosistema que la hizo grande.
La nueva política de verificación de desarrolladores, que obliga a los creadores de aplicaciones de Android, incluso fuera de Play Store, a registrarse y revelar su identidad, marca otro paso hacia un ecosistema cerrado. Google afirma que la medida tiene como objetivo proteger a los usuarios del malware y fraude, pero en la práctica es una profunda limitación del derecho a desarrollar y distribuir software sin intermediarios. Además, esto es a cambio de algo que no mejora la situación, porque cualquier desarrollador malicioso puede registrarse tantas veces como quiera.
La medida provocó una respuesta coordinada. Keep Android Open, respaldado por desarrolladores, usuarios y organizaciones de activistas digitales, advierte que la revisión obligatoria es el primer paso hacia el cierre total del sistema: otra capa de burocracia y vigilancia que margina a los creadores independientes y consolida el poder de Google. Básicamente, lo que se anuncia como una mejora de seguridad es en realidad un control…

